viernes, 17 de diciembre de 2010

CARCELES DE INMIGRANTES



diario16
LIMA – PERÚ DIRECTOR  JUAN CARLOS TAFUR

Francesca Emanuele
Columnistas | Diciembre 17, 2010
CÁRCELES DE INMIGRANTES
He aquí una información que no suele ser de conocimiento público. Aunque me duelan los dedos al escribir sobre ella, me tragaré la pena e intentaré dar cuenta de las atrocidades perpetradas en la que para algunos es la Europa civilizada y para mí, que vivo en ella, es tan solo una fachada de flores que por dentro oculta temblores. 

A lo largo de Europa existen centros en los que se retienen a inmigrantes por encontrarse en situación irregular. En España, estos lugares se denominan Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) y tienen el principal objetivo de facilitar la expulsión de los denominados “inmigrantes ilegales”. En ellos se recluye a personas no europeas que han incurrido en una falta administrativa al no poseer sus documentos en regla.

Desde la legislación española se sostiene que los CIEs son instituciones de carácter no penitenciario. Sin embargo, su propio funcionamiento desmiente la anterior afirmación. La dignidad de las personas internadas es avasallada a diario por las condiciones en que se las obliga a vivir. Un informe encargado por la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo publicado en 2007 denuncia que los CIE españoles funcionan como una cárcel, con estancia casi permanente en las celdas y unas condiciones higiénicas deplorables.

Al establecer medidas penales para una falta administrativa, se produce un tratamiento diferencial de la población en función de la categoría ciudadana a la que se pertenece, se criminaliza al extranjero sin que haya cometido ningún delito. Este hecho es contrario a los principios del Estado de derecho, puesto que se elimina el principio de igualdad. Estamos hablando de injusticias amparadas por una ley – conocida como la Ley de la vergüenza- aprobada en el seno de la Unión Europea. Con ella se extiende la posibilidad de privación de libertad en los CIEs por un máximo de 18 meses.

La existencia de estos espacios de reclusión abofetea nuestros ilustres anhelos de conseguir un mundo igualitario. El que estos agujeros negros pervivan y se multipliquen como lo hacen a lo largo de Europa y países aliados, es una llamada de atención para que desconfiemos de que la Declaración de los Derechos Humanos es una realidad,  para que no olvidemos nuestra condición de inferioridad; para que recordemos que el país de origen condiciona tus derechos y determina si eres ciudadano de primera clase, de segunda o si ni siquiera eres merecedor de ello. 

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